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Trabajo realizado: ,
Cliente: Castillo Molina - Viña San Pedro

A principios del año 2015, la Viña San Pedro se acercó a nosotros con el desafío de diseñar un nuevo estuche individual para su línea de vinos Castillo de Molina. El objetivo era marcar presencia en las góndolas de Finlandia para la navidad de ese año y querían hacerlo mediante un nuevo packaging que sobresaliera de su competencia tanto a nivel gráfico como industrial.

Dentro de esos márgenes de acción, tuvimos la suerte de que nos dejaran diseñar con casi total libertad creativa, lo que nos permitió explorar múltiples alternativas de formas y procesos productivos que facilitaran el logro de ciertos objetivos que nos propusimos resolver: debíamos desarrollar una pieza que, sin dejar de lado sus aspectos funcionales —proteger, comunicar contenidos y facilitar el manejo—, cumpliera un rol emocional persuasivo importante.

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Para esto nos colgamos del concepto de hapticidad —en su acepción de ser agradable al tacto y a la vista simultáneamente— y empezamos a desarrollar propuestas que respondieran de manera satisfactoria al auto desafío de generar sorpresa y deseos de manipulación por parte del consumidor final. Todo esto con el fin de ganar la micro batalla entre marcas que se produce frente a la góndola, donde el factor emocional del diseño, juega un papel decisivo en la opción final de compra.

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En términos gráficos, la propuesta definitiva recoge los aspectos simbólicos del cobre como representante de Chile en el mundo y lo mezcla con una abstracción geométrica de copos de nieves que se posan en la base del envase, intentando engarzar de manera elegante con los códigos propios de la época navideña.

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Respecto al diseño industrial, el desafío fue mucho más complejo, y es aquí donde realmente se puede reconocer un grado de innovación mayor.

Muy por el contrario a nuestra propuesta, hasta esa fecha, ningún estuche fabricado en Chile carecía de pliegues verticales, dado que estos son absolutamente necesarios para el proceso de pegado industrial de los estuches de vino.

Luego de algunos intentos fallidos incorporando los pliegues verticales sin desestructurar la forma del packaging, finalmente nos hicimos la pregunta correcta —¿cómo eliminamos la necesidad de pliegues verticales?— y encontramos la solución: eliminando la necesidad de pegado.

En ese punto redireccionamos nuestros esfuerzos para encontrar la manera de estructurar la forma mediante ensambles y luego de unas cuantas iteraciones, perfeccionamos el mecanismo: un empalme que se autobloquea escondido en los pliegues diagonales del envase. Solución simple que cumple perfectamente su propósito y hace que el proceso productivo vaya directamente desde el troquel y plisado al de armado final del envase.

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En términos económicos, pese a eliminar un proceso, este envase tiene un costo más elevado que una estuche tradicional, pero tiene un desarrollo industrial lo suficientemente eficiente para poder producir miles de unidades de manera rentable y además cumple su función persuasiva de manera fructífera. Según datos de la Viña, en Finlandia se vendieron todas las unidades en los primeros 5 días de exposición y el éxito contagió a otros mercados donde tiene presencia la marca, incluyendo Chile, que actualmente tiene este packaging en su versión Rosé en distintas góndolas del país.

 

 

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